En la Fundación Olivo de Santiago, se realizó el segundo encuentro presencial de la Comunidad de Formadores del proyecto Enseñar a enseñar lectura y escritura inicial. Durante una jornada completa, académicos y didactas de distintas universidades, profesionales del Ministerio de Educación, fundaciones educacionales e investigadores se reunieron con un propósito compartido: hacer suya la propuesta del curso de Didáctica de la Lectura y Escritura Inicial y avanzar en su implementación.
El proyecto, impulsado por la red Por un Chile que Lee y la Fundación Olivo, busca aplicar el programa elaborado por su Taller de Formadoras. En tres años intervendrá a doce universidades organizadas en tres comunidades de aprendizaje que trabajan de manera colaborativa, acompañadas por profesionales del Ministerio de Educación, fundaciones e investigadores que documentan y sistematizan lo aprendido. Detrás de este esfuerzo está como convicción que cada niño y cada niña aprenda a leer y a escribir oportunamente, desde una lógica de justicia educativa.
La jornada abrió con la «palabra guardiana», una actividad cálida inspirada en el poema En una cajita de fósforos, de María Elena Walsh. Cada participante eligió una palabra que quisiera cultivar en la comunidad durante el semestre y la guardó, simbólicamente, en una cajita de fósforos. De ahí el grupo pasó a un trafkintu de saberes. Revisaron juntos el programa, registraron qué traían y qué necesitaban, y construyeron de forma colaborativa un mapa de aprendizaje por unidad.
Buena parte del encuentro se dedicó a las pedagogías de la práctica. Alejandra Meneses, académica UC, expuso por qué una formación docente basada en la práctica exige puentes entre la teoría y el aula: saber sobre la enseñanza no equivale a saber enseñar, y desarrollar una experticia adaptativa —flexible, sensible al contexto y basada en evidencia— requiere practicar decisiones, reflexionar en conjunto y ensayar escenarios alternativos. Sobre ese marco, la comunidad profundizó en la Unidad 1, Codificación y decodificación, distinguiendo lo que un futuro docente debe saber y saber hacer, y analizando videos de enseñanza explícita del código.
Con los libros ya en sus manos, las y los formadores avanzaron en la calendarización de sus cursos: definieron qué unidades implementarán, en qué secciones y con cuántas sesiones, y compartieron el principal cambio que introdujeron respecto de su programa anterior.
El almuerzo y la tarde estuvieron marcados por la voz de la comunidad. En un diálogo entre formadores de ambos años se conversaron los problemas de la práctica y, en un panel, quienes ya recorrieron este camino compartieron sus aprendizajes más significativos, las unidades que les resultaron más desafiantes y el modo en que el trabajo colaborativo les permitió abordarlas.
El encuentro cerró mirando hacia adelante. La comunidad definió una meta común y un producto concreto que construir en conjunto. Desde agosto y hasta diciembre, el trabajo continuará en siete reuniones virtuales y un cierre presencial, con acompañamiento permanente.
Participaron en esta jornada representantes del Ministerio de Educación, Crecer con Todos, Fundación Arauco y CMPC, junto a académicas y académicos de la Universidad Católica, la Universidad Diego Portales, la Universidad Católica del Maule, la Universidad de Magallanes, la Universidad San Sebastián, la Universidad de Las Américas y la Universidad Católica de Valparaíso.